| Kilooctetos por segundo (ko/s) | Octetos por segundo (octet/s) |
|---|---|
| 1 Kiloocteto por segundo | 1000 octet/s |
| 2 Kilooctetos por segundo | 2000 octet/s |
| 3 Kilooctetos por segundo | 3000 octet/s |
| 4 Kilooctetos por segundo | 4000 octet/s |
| 5 Kilooctetos por segundo | 5000 octet/s |
| 10 Kilooctetos por segundo | 10000 octet/s |
| 20 Kilooctetos por segundo | 20000 octet/s |
| 25 Kilooctetos por segundo | 25000 octet/s |
| 50 Kilooctetos por segundo | 50000 octet/s |
| 100 Kilooctetos por segundo | 100000 octet/s |
| Referencia | Kilooctetos por segundo (ko/s) | Octetos por segundo (octet/s) |
|---|---|---|
| A dial-up modem | 7 ko/s | 7000 octet/s |
| Typical home broadband | 12500 ko/s | 12500000 octet/s |
| Gigabit Ethernet | 125000 ko/s | 125000000 octet/s |
| Streaming a 4K film | 3125 ko/s | 3125000 octet/s |
El kilocteto por segundo es una unidad de velocidad de transferencia de datos igual a mil octetos por segundo, y por tanto a ocho kilobits por segundo. Su símbolo es ko/s. Es la unidad en que se informaba de las transferencias de archivos durante toda la era del acceso telefónico, y sigue apareciendo cada vez que una transferencia es lo bastante lenta como para necesitarla.
La conversión desde las velocidades anunciadas de conexión es la razón de que importe. Un módem de 56 kilobits entregaba en la práctica unos 7 kiloctetos por segundo, y los usuarios aprendían la relación mirando las barras de progreso: un archivo de un megaocteto tardaba unos dos minutos y medio. La costumbre de dividir por ocho la cifra anunciada y restar luego algo por la sobrecarga viene de aquel período.
Los dispositivos de almacenamiento de la época eran parecidos. Una disquetera leía a unos 30 a 60 kiloctetos por segundo, una unidad de disco compacto de velocidad simple a 150, y un disco duro temprano a unos pocos cientos. Cargar un programa desde cualquiera de ellos era cosa de segundos a minutos, y los programas se escribían contando con ello.
La unidad sigue apareciendo en la comunicación en serie. El puerto serie clásico llegaba a 115 200 bits por segundo, que son 14,4 kiloctetos por segundo, y velocidades equivalentes se usan todavía para hablar con microcontroladores, instrumentos científicos y equipos industriales. Un protocolo diseñado para tal enlace no puede suponer que un mensaje grande llegue deprisa.
Aparece también en el extremo bajo de las redes modernas. Una conexión móvil congestionada, un enlace por satélite lejano o una red inalámbrica muy compartida pueden caer a unas pocas decenas de kiloctetos por segundo, y a esa velocidad una página web corriente —que hoy son unos pocos megaoctetos— tarda un minuto o más en cargarse. La unidad es un recordatorio de lo que la red da por supuesto sobre sus usuarios.
Para hacerse a la escala, un kilocteto por segundo mueve mil caracteres de texto plano cada segundo, de modo que una carta breve se transfiere en un segundo y una novela en unos diez minutos. Nada relativo al texto ha necesitado jamás más que esto; todo aumento de velocidad desde entonces lo han consumido las imágenes, el sonido y el vídeo.
Un kilocteto por segundo equivale a 1000 octetos por segundo, a 8 kilobits por segundo o a unos 0,9766 kibioctetos por segundo.
El octeto por segundo es una unidad de velocidad de transferencia de datos igual a ocho bits por segundo. Su símbolo es octet/s. Es la unidad en que el software informa de las velocidades de transferencia, frente a los bits por segundo en que el equipo físico y los servicios de red las anuncian, y el factor ocho entre ambas convenciones es fuente de una confusión inagotable.
El reparto de papeles es coherente una vez que se entiende. Todo lo que describe un enlace físico —un puerto Ethernet, una conexión de fibra, un canal de radio, un paquete de banda ancha— se expresa en bits por segundo, porque bits es lo que la señalización transporta de veras. Todo lo que describe un archivo que se mueve de un sitio a otro se expresa en octetos por segundo, porque los archivos se miden en octetos.
Un gestor de descargas que informa de 12 megaoctetos por segundo en una conexión vendida como de 100 megabits por segundo no está contradiciendo el anuncio: está diciendo la misma velocidad en la otra convención, y la aritmética entre ambas es una división por ocho. Reconocer esto elimina de inmediato la causa más común de queja sobre la velocidad de internet.
Los octetos por segundo sueltos aparecen en los mismos lugares estrechos que los bits sueltos: la telemetría del espacio profundo, los enlaces de sensores de bajo consumo y las conexiones en serie heredadas más lentas. Una velocidad de cien octetos por segundo movería una página de texto en unos veinte segundos, experiencia normal en los años setenta e inimaginable hoy.
La unidad sostiene además el modo en que se describe el caudal de discos e interfaces. Un disco que sostiene 500 megaoctetos por segundo mueve cuatro gigabits por segundo a través de su interfaz, y casar ambas cifras es parte rutinaria del diseño de sistemas: una interfaz calificada en gigabits debe compararse con un disco calificado en octetos, y el factor ocho decide si uno deja al otro sin alimentar.
Las herramientas de almacenamiento refuerzan la convención. Todo programa de copia de archivos, de respaldo o de transferencia por línea de órdenes informa en octetos por segundo o en sus múltiplos, y toda herramienta de medida de red informa en bits por segundo. Quien lea ambas a la vez ha de tener presente la conversión, que es justamente lo que hace que la distinción merezca decirse en voz alta.
Un octeto por segundo equivale a 8 bits por segundo, a 0,008 kilobits por segundo o a 0,001 kiloctetos por segundo.