| Milipascales (mPa) | Decipascales (dPa) |
|---|---|
| 1 Milipascal | 0.01 dPa |
| 2 Milipascales | 0.02 dPa |
| 3 Milipascales | 0.03 dPa |
| 4 Milipascales | 0.04 dPa |
| 5 Milipascales | 0.05 dPa |
| 10 Milipascales | 0.1 dPa |
| 20 Milipascales | 0.2 dPa |
| 25 Milipascales | 0.25 dPa |
| 50 Milipascales | 0.5 dPa |
| 100 Milipascales | 1 dPa |
| Referencia | Milipascales (mPa) | Decipascales (dPa) |
|---|---|---|
| Atmospheric pressure at sea level | 101325000 mPa | 1013250 dPa |
| Healthy blood pressure (120 mmHg) | 16000000 mPa | 160000 dPa |
| A car tyre | 220000000 mPa | 2200000 dPa |
| A racing bicycle tyre | 600000000 mPa | 6000000 dPa |
El milipascal es una unidad de presión igual a la milésima parte de un pascal. Su símbolo es mPa. El pascal es ya una unidad muy pequeña —es la presión de una hoja de papel apoyada sobre una mesa—, de modo que su milésima parte es menor que casi cualquier presión con la que una persona se tropiece. Sobrevive porque dos campos trabajan realmente a esa escala: la acústica y la viscosidad.
El sonido es una onda de presión, y las presiones implicadas son minúsculas. Una conversación corriente a un metro lleva una presión sonora de unos 20 milipascales. Un susurro anda cerca de 2, y el umbral de audición, el sonido más tenue que un oído joven y sano detecta, son 0,02 milipascales, es decir 20 micropascales. Un concierto de rock a todo volumen alcanza unos pocos pascales. Todo el intervalo útil de la audición humana vive, pues, entre la centésima de milipascal y unos pocos miles de ellos.
Por eso el sonido se expresa en decibelios y no en unidades de presión. Un intervalo que abarca un factor de un millón resulta inmanejable en cifras lineales, así que la acústica toma el logaritmo y lo ancla en el umbral de audición. Pero el decibelio no es en absoluto una unidad de presión: detrás de cada cifra en decibelios hay una presión en pascales o milipascales, y la calibración de los instrumentos se hace en esas unidades reales.
El segundo uso es más extraño, porque no es una presión en absoluto. La viscosidad dinámica se mide en pascales segundo, y casi todo líquido que importe cae en el intervalo del milipascal segundo. El agua a temperatura ambiente es 1 mPa·s con exactitud sobrada para la práctica. Eso resulta ser igual a un centipoise del antiguo sistema CGS, de modo que el paso al SI dejó numéricamente intacta toda tabla de viscosidad, y por eso el milipascal segundo arraigó donde el milipascal solo no lo hizo.
Con esa escala en la mano las cifras se vuelven legibles. La gasolina anda por 0,6 mPa·s, el aceite de oliva por 80, la miel por varios miles y el glicerol por 1400. El plasma sanguíneo ronda 1,3 y la sangre entera se acerca a 4, lo que es una razón de que el flujo sanguíneo cueste más de modelar que el del agua.
Para la presión misma, fuera de la acústica, el milipascal aparece en el trabajo de vacío y en las medidas más delicadas de laboratorio: las diferencias de presión que impulsan un flujo lento de gas, o la presión residual de una cámara bombeada a fondo. En esos ámbitos las unidades alternativas son el micropascal por debajo y el pascal por encima.
Un milipascal equivale a 0,001 pascales, a mil micropascales, a 0,00001 milibares o a unas 0,000000145 libras por pulgada cuadrada.
El decipascal es una unidad de presión igual a la décima parte de un pascal. Su símbolo es dPa. Pertenece al grupo de prefijos métricos que existen porque el sistema es regular y no porque alguien los pidiera: deci, centi, deca y hecto rellenan los huecos entre los prefijos de paso mil, y de los cuatro solo hecto encontró casa permanente en la presión, en el hectopascal de los partes meteorológicos.
Esa regularidad es la razón de ser del sistema métrico y no un accidente suyo. Todo prefijo, de yocto a yotta, se aplica a toda unidad, de modo que el decipascal está definido lo escriba alguien o no. La alternativa sería un sistema en el que unas combinaciones fuesen lícitas y otras no, y entonces el usuario tendría que memorizar una tabla de excepciones en lugar de una sola regla.
En la práctica el trabajo con presiones salta del pascal al hectopascal o al kilopascal, y los cuatro prefijos intermedios quedan sin uso. Hay para ello una razón que va más allá de la costumbre. Los prefijos de paso mil —mili, kilo, mega— casan con el modo en que se agrupan las cifras al escribirlas, de manera que un valor en kilopascales se lee de uno en pascales moviendo la agrupación de dígitos y no contando decimales. Deci y centi rompen ese encaje.
El decipascal tiene, con todo, un tamaño natural. Una décima de pascal es aproximadamente la presión de una sola hoja de papel fino apoyada en una mesa, o la diferencia de presión del aire a lo largo de un centímetro de altura. Es la presión que una polilla ejerce sobre un cristal, y alrededor de la centésima parte de la diferencia de presión entre las dos caras de una puerta interior cerrada en un edificio ventilado.
Cuando hace falta anotar presiones así, la convención es usar el pascal con decimales: la calibración de un anemómetro registrará 0,4 pascales antes que 4 decipascales, y una especificación de ventilación 50 pascales antes que 500 decipascales. La cifra es la misma y el pascal mantiene la página acorde con todas las demás lecturas.
La unidad sigue siendo perfectamente válida, y un conversor ha de saber manejarla, porque asoma en manuales antiguos de instrumentos, en alguna norma nacional y allí donde un autor ha decidido que un número se lee mejor con un dígito antes de la coma que con tres después.
Un decipascal equivale a 0,1 pascales, a 100 milipascales, a 0,001 hectopascales o a unas 0,0000145 libras por pulgada cuadrada.