| Zettabits por segundo (Zbit/s) | Mebioctetos por segundo (Mio/s) |
|---|---|
| 1 Zettabit por segundo | 119209289550781 Mio/s |
| 2 Zettabits por segundo | 238418579101562 Mio/s |
| 3 Zettabits por segundo | 357627868652344 Mio/s |
| 4 Zettabits por segundo | 476837158203125 Mio/s |
| 5 Zettabits por segundo | 596046447753906 Mio/s |
| 10 Zettabits por segundo | 1.19209289551 × 1015 Mio/s |
| 20 Zettabits por segundo | 2.38418579102 × 1015 Mio/s |
| 25 Zettabits por segundo | 2.98023223877 × 1015 Mio/s |
| 50 Zettabits por segundo | 5.96046447754 × 1015 Mio/s |
| 100 Zettabits por segundo | 1.19209289551 × 1016 Mio/s |
| Referencia | Zettabits por segundo (Zbit/s) | Mebioctetos por segundo (Mio/s) |
|---|---|---|
| A dial-up modem | 5.6 × 10-17 Zbit/s | 0.00667572 Mio/s |
| Typical home broadband | 1 × 10-13 Zbit/s | 11.9209 Mio/s |
| Gigabit Ethernet | 1 × 10-12 Zbit/s | 119.209 Mio/s |
| Streaming a 4K film | 2.5 × 10-14 Zbit/s | 2.98023 Mio/s |
El zettabit por segundo es una unidad de velocidad de transferencia de datos igual a mil exabits por segundo. Su símbolo es Zbit/s. Ningún sistema de la Tierra mueve datos a esta velocidad, ni hay ninguno proyectado; la unidad existe porque el sistema métrico define todo prefijo para toda unidad, se haya necesitado o no la combinación.
Para ver cuán lejos queda, tómese internet entero. El tráfico mundial va hoy a aproximadamente un exabit por segundo de media, de modo que las comunicaciones del planeta entero tendrían que crecer mil veces para llegar a un zettabit por segundo. A los ritmos de crecimiento de las dos últimas décadas eso llevaría entre veinte y treinta años, que es justamente la clase de extrapolación que ya se ha equivocado en ambas direcciones.
Un zettabit por segundo son 125 exaoctetos por segundo. Como la fabricación mundial de almacenamiento va a unos pocos centenares de exaoctetos al año, un enlace a esta velocidad transferiría toda la producción anual mundial de capacidad nueva en un par de segundos. Nada podría guardarse en el otro extremo: los datos tendrían que procesarse y desecharse según llegaran.
Ese último punto no es tan fantasioso como suena. Varios sistemas existentes descartan ya casi todo lo que reciben: los detectores de partículas, las agrupaciones de radiotelescopios y los sistemas de vigilancia de redes procesan mucho más de lo que conservan, porque conservarlo es imposible e innecesario. Un enlace de un zettabit por segundo sería un caso extremo de una arquitectura que ya existe.
Los obstáculos físicos son menos absolutos de lo que podría parecer. La capacidad teórica de una sola fibra óptica está muy por encima de lo que hoy se usa, y los límites prácticos vienen del ruido de los amplificadores, de los efectos no lineales y de la electrónica de cada extremo, no del vidrio mismo. Agregar bastantes fibras alcanzaría un zettabit por segundo; la dificultad es que nadie tiene motivo para hacerlo.
Para un conversor la unidad importa porque las previsiones y los modelos de capacidad se escriben en la unidad que mantenga legibles las cifras. Una proyección que llegue a los años cincuenta de este siglo puede razonablemente dar totales en zettabits por segundo, y el lector necesita poder convertirlos a algo familiar.
Un zettabit por segundo equivale a 1000 exabits por segundo, a 125 exaoctetos por segundo o a unos 0,8470 zebibits por segundo.
El mebiocteto por segundo es una unidad de velocidad de transferencia de datos igual a 1 048 576 octetos por segundo, es decir 1024 kibioctetos por segundo. Su símbolo es Mio/s. Es la unidad en que informan las pruebas de disco, las herramientas de copia y los programas de respaldo, y una de las pocas unidades binarias que la mayoría de la gente ve con regularidad sin darse cuenta.
La medida del almacenamiento la produce con naturalidad. Una prueba escribe y lee bloques cuyo tamaño es una potencia de dos, cronometra la operación y divide. El resultado es una velocidad binaria, e informarla como tal conserva la aritmética. Una herramienta que convirtiera a megaoctetos decimales introduciría un ajuste del 4,9 por ciento sin más propósito que casar con una convención comercial.
Ese cinco por ciento es exactamente donde ambas convenciones divergen de manera visible para el consumidor. Un disco anunciado a 550 megaoctetos por segundo y medido en 524 mebioctetos por segundo está rindiendo precisamente lo prometido; las cifras difieren solo porque una es decimal y la otra binaria. Buena parte de las quejas sobre el rendimiento del almacenamiento es esta aritmética leída como un déficit.
Para los tamaños cotidianos, un mebiocteto por segundo copia una fotografía en tres segundos y una película de dos gigaoctetos en cosa de media hora. Los discos modernos van cientos o miles de veces más rápido, de modo que la unidad es hoy la resolución con que se informan las pequeñas diferencias y no la escala de la cifra entera.
La unidad aparece también en las medidas de memoria y caché, en los informes de caudal de bases de datos y en la salida de las órdenes de bajo nivel que escriben imágenes de disco. Todas ellas cuentan en bloques binarios porque las estructuras subyacentes son binarias, y todas informan en mebioctetos por segundo porque es lo que da el recuento dividido por el tiempo.
La costumbre de escribir la i minúscula merece conservarse. Cuesta un carácter y dice a un lector posterior cuál de las dos convenciones produjo la cifra, información que no puede recuperarse del contexto una vez omitida.
Un mebiocteto por segundo equivale a 1 048 576 octetos por segundo, a 1024 kibioctetos por segundo o a unos 1,049 megaoctetos por segundo.