| Segundos (s) | Microsegundos (µs) |
|---|---|
| 1 Segundo | 1000000 µs |
| 2 Segundos | 2000000 µs |
| 3 Segundos | 3000000 µs |
| 4 Segundos | 4000000 µs |
| 5 Segundos | 5000000 µs |
| 10 Segundos | 10000000 µs |
| 20 Segundos | 20000000 µs |
| 25 Segundos | 25000000 µs |
| 50 Segundos | 50000000 µs |
| 100 Segundos | 100000000 µs |
| Referencia | Segundos (s) | Microsegundos (µs) |
|---|---|---|
| A blink of an eye | 0.1 s | 100000 µs |
| One heartbeat at rest | 0.83 s | 830000 µs |
| Half of a football match | 2700 s | 2.7 × 109 µs |
| A full day | 86400 s | 8.64 × 1010 µs |
El segundo es la unidad base de tiempo del Sistema Internacional de Unidades. Su símbolo es s. Se define fijando la frecuencia de la transición hiperfina del cesio 133 en exactamente 9 192 631 770 ciclos por segundo, de modo que un segundo es la duración de ese número de oscilaciones.
El nombre conserva una división que ya no existe en la práctica. Los astrónomos medievales dividían la hora en sesenta minutae primae, primeras partes pequeñas, y cada una de ellas en sesenta minutae secundae, segundas partes pequeñas. El castellano guardó la primera como minuto y la segunda como segundo, dejando el ordinal en el nombre de una unidad que casi nadie percibe como ordinal.
Durante casi toda la historia el segundo se definió a partir de la rotación de la Tierra, como una 86 400 ava parte del día solar medio. Esa definición falló cuando los relojes se volvieron mejores que el planeta: la rotación terrestre es irregular, se frena a lo largo de los siglos por el rozamiento de las mareas y oscila en escalas más cortas. La definición atómica adoptada en 1967 cortó el vínculo, y por eso se insertan de vez en cuando segundos intercalares para mantener alineada la hora civil con el Sol.
Todas las demás unidades de tiempo se construyen ahora sobre él, y el segundo sostiene además buena parte del resto del SI. El metro se define mediante la velocidad de la luz en metros por segundo, el kilogramo mediante la constante de Planck, que lleva un segundo en sus unidades, y el amperio mediante la carga elemental por segundo. Los relojes de fuente de cesio realizan la unidad con unas pocas partes en diez elevado a dieciséis, y los relojes ópticos ya lo mejoran.
Como los relojes atómicos guardan mejor el tiempo que el propio planeta, hay que reconciliar a ambos. La rotación de la Tierra se frena de manera irregular, de modo que un día es hoy uno o dos milisegundos más largo que 86 400 segundos atómicos, y la diferencia se acumula. Desde 1972 la respuesta ha sido el segundo intercalar: un segundo añadido al final de un junio o un diciembre, anunciado con meses de antelación, cosa que ha ocurrido veintisiete veces. Los sistemas informáticos manejan la marca de tiempo repetida lo bastante mal como para que se hayan atribuido caídas a ella, y en 2022 los organismos de metrología del mundo votaron abandonar la práctica antes de 2035, dejando que el tiempo civil se aparte del solar.
Un segundo equivale a 1000 milisegundos, a una sesentava parte de minuto o a unas 0,000277778 horas.
El microsegundo es una unidad de tiempo igual a una millonésima de segundo, o a una milésima de milisegundo. Su símbolo es µs, escrito con la letra griega mu, y la forma us aparece donde ese carácter resulta incómodo de teclear.
Queda por completo por debajo del umbral de la experiencia humana. Nada de lo que una persona hace o percibe ocurre en esta escala, de modo que la unidad pertenece enteramente a los instrumentos. La luz recorre unos trescientos metros en un microsegundo, más o menos el largo de tres campos de fútbol, lo que fija un suelo firme a la rapidez con que cualquier señal puede cruzar una habitación, una placa de circuito o un continente.
La navegación por satélite depende de medirlo con exactitud. Un receptor calcula su posición a partir de los tiempos de llegada de las señales de varios satélites, y un error de un microsegundo en esa medida se traduce en un error de posición de unos trescientos metros. Por eso los satélites llevan relojes atómicos y por eso el sistema corrige los efectos relativistas: los relojes en órbita adelantan de forma medible respecto a los del suelo, unos treinta y ocho microsegundos al día, y sin esa corrección la navegación se desviaría kilómetros en cuestión de horas.
La electrónica trabaja con comodidad en esta escala. El tiempo de conmutación de un transistor de potencia, la anchura de pulso en un radar, el intervalo entre muestras en la adquisición rápida de datos y la respuesta de un convertidor analógico digital se expresan en microsegundos. Un microcontrolador a un megahercio completa un ciclo de instrucción por microsegundo, lo que convierte la unidad en la moneda natural de la temporización embebida.
La física y la química la usan para procesos rápidos pero no extremos. Los muones producidos en la alta atmósfera tienen una vida media de unos 2,2 microsegundos, y el hecho mismo de que lleguen al suelo es una demostración experimental directa de la dilatación temporal. Algunas desexcitaciones fluorescentes, reacciones en fase gaseosa y fenómenos de onda de choque ocupan también este intervalo.
La ingeniería de audio se topa con él en el muestreo digital. A la frecuencia habitual de 44 100 muestras por segundo, una muestra dura unos 22,7 microsegundos, y la fluctuación temporal que degrada el rendimiento del convertidor se mide en fracciones de esa cifra.
Un microsegundo equivale a 0,000001 segundos, a 0,001 milisegundos o a 1000 nanosegundos.