| Referencia | Días (d) | Microsegundos (µs) |
|---|---|---|
| A blink of an eye | 0.00000115741 d | 100000 µs |
| One heartbeat at rest | 0.00000960648 d | 830000 µs |
| Half of a football match | 0.03125 d | 2.7 × 109 µs |
| A full day | 1 d | 8.64 × 1010 µs |
El día es una unidad de tiempo igual a 24 horas, o 86 400 segundos. Su símbolo es d. Se acepta su uso con el SI sin ser una unidad del SI, y es la única unidad de tiempo corriente que corresponde directamente a un ciclo físico que la gente puede observar sin instrumentos.
Hay más de una clase de día, y la diferencia importa en astronomía. El día solar es el tiempo entre dos mediodías sucesivos, cuando el Sol vuelve a la misma posición en el cielo. El día sidéreo es el que tarda la Tierra en girar una vez respecto a las estrellas lejanas, y es más corto en unos tres minutos y cincuenta y seis segundos. La diferencia existe porque la Tierra también avanza por su órbita, de modo que debe girar algo más de una vuelta completa para devolver el Sol a lo alto.
El día solar tampoco es constante. La órbita terrestre es elíptica y su eje está inclinado, así que el intervalo entre mediodías varía a lo largo del año hasta unos treinta segundos en cualquiera de los dos sentidos. El día solar medio promedia esa variación, y la ecuación del tiempo describe la diferencia, razón por la cual un reloj de sol puede adelantar o atrasar un cuarto de hora respecto a un reloj según la estación.
El día civil de exactamente 86 400 segundos es una convención y no una medida. La rotación de la Tierra se frena poco a poco por el rozamiento de las mareas con la Luna, a un ritmo que alarga el día en torno a dos milisegundos por siglo, y varía además de forma irregular con los movimientos de la atmósfera y del núcleo. Desde 1972 se han insertado segundos intercalares para mantener la hora del reloj a menos de un segundo de la hora solar, práctica que está previsto abandonar antes de 2035 en favor de permitir una deriva mayor.
Más allá de la medida del tiempo, la unidad organiza todo lo periódico de la vida corriente: los contratos de trabajo y de alquiler, el cálculo de intereses, las pautas de dosificación de los medicamentos, la estadística meteorológica, las estimaciones de envío y entrega, y todo el aparato de los calendarios. La biología tiene su propia versión en el ritmo circadiano, un ciclo interno de casi exactamente veinticuatro horas que persiste incluso sin señales de luz diurna.
La astronomía usa el día juliano, una cuenta continua de días desde una época fija en el año 4713 antes de nuestra era, precisamente porque los calendarios son irregulares y un simple total corrido es más fácil de calcular.
Un día equivale a 24 horas, a 1440 minutos o a 86 400 segundos.
El microsegundo es una unidad de tiempo igual a una millonésima de segundo, o a una milésima de milisegundo. Su símbolo es µs, escrito con la letra griega mu, y la forma us aparece donde ese carácter resulta incómodo de teclear.
Queda por completo por debajo del umbral de la experiencia humana. Nada de lo que una persona hace o percibe ocurre en esta escala, de modo que la unidad pertenece enteramente a los instrumentos. La luz recorre unos trescientos metros en un microsegundo, más o menos el largo de tres campos de fútbol, lo que fija un suelo firme a la rapidez con que cualquier señal puede cruzar una habitación, una placa de circuito o un continente.
La navegación por satélite depende de medirlo con exactitud. Un receptor calcula su posición a partir de los tiempos de llegada de las señales de varios satélites, y un error de un microsegundo en esa medida se traduce en un error de posición de unos trescientos metros. Por eso los satélites llevan relojes atómicos y por eso el sistema corrige los efectos relativistas: los relojes en órbita adelantan de forma medible respecto a los del suelo, unos treinta y ocho microsegundos al día, y sin esa corrección la navegación se desviaría kilómetros en cuestión de horas.
La electrónica trabaja con comodidad en esta escala. El tiempo de conmutación de un transistor de potencia, la anchura de pulso en un radar, el intervalo entre muestras en la adquisición rápida de datos y la respuesta de un convertidor analógico digital se expresan en microsegundos. Un microcontrolador a un megahercio completa un ciclo de instrucción por microsegundo, lo que convierte la unidad en la moneda natural de la temporización embebida.
La física y la química la usan para procesos rápidos pero no extremos. Los muones producidos en la alta atmósfera tienen una vida media de unos 2,2 microsegundos, y el hecho mismo de que lleguen al suelo es una demostración experimental directa de la dilatación temporal. Algunas desexcitaciones fluorescentes, reacciones en fase gaseosa y fenómenos de onda de choque ocupan también este intervalo.
La ingeniería de audio se topa con él en el muestreo digital. A la frecuencia habitual de 44 100 muestras por segundo, una muestra dura unos 22,7 microsegundos, y la fluctuación temporal que degrada el rendimiento del convertidor se mide en fracciones de esa cifra.
Un microsegundo equivale a 0,000001 segundos, a 0,001 milisegundos o a 1000 nanosegundos.